martes, 29 de mayo de 2007

Versos al aire puro

Con dolor por los actores
Principales del maltrecho
Anunciamos: Fumadores,
No se fuma bajo techo.

Por ordenanza social
Han de librarse de estar
Convirtiendo en negro umbral
Los rincones de algún bar

Y a partir del dos de octubre
-decreto municipal-
No es más acción insalubre
Respirar en un local

Aunque caminen cual parias
Esta medida es estricta
No desprendan quejas varias
Por algo que la ley dicta

El bar era albergue abierto,
Salón con gases insertos.
Un frasco con labios yertos,
Sentencia de fueyes muertos.

La ley es recuerdo vivo
Un libro lleno de indicios:
No has de impedir el alivio
De aquel que no sufra el vicio.

Si padece la ansiedad
Por besar un cigarrillo
Recomendamos probar
Nicotina en su pocillo.

lunes, 21 de mayo de 2007

El club de los cretinos

Todas las mañanas, Felipe, se arrepiente de haberse rendido tan rápido la noche anterior en la batalla contra su persiana que nunca quiere cerrar bien. El resultado es siempre el mismo: la luz de un sol radiante, o algún brillo intenso, atraviesa el ventanal y da justo en la cara de Felipe que no sabe dormir con luz.
Ya mal humorado, como cada una de las mañanas en las se levanta en su casa, Felipe se sienta sobre la cama, con el cuerpo acurrucado y ofendido. Después de un rato se pone de pie, bosteza forzosamente (como si fuera una necesidad de quien despierta cuando lo es, en realidad, de quien tiene sueño), y se va al baño. En el trayecto se golpea el dedo meñique con la pata de una mesa ratona que el día anterior no estaba allí -el jura que no estaba allí-. Putea al aire y a su hermano, si es que pasa cerca en ese momento. Entre ese golpe y la llegada al baño odia al mundo por no haberle regalado más minutos bajo las sabanas al despertar (ignora que esos momentos son valiosos sólo porque escasean).
Ya con el agua golpeándole el rostro, todo toma color. El hermano deja de ser tan odioso y la boca (a fuerza de buches) abandona la tempestad del mal aliento.
En calzoncillos, boxers livianos que brinden libertad al dormir, se dirige a la cocina. "Buen día, Felipe", escucha desde algún lado pero aún no están las cosas como para ser cordial. Durante la hora que sucede al amanecer es legal detestar a la sociedad.
Felipe sigue con su rutina entonces: toma una taza de la alacena, abre la heladera, agarra la leche, pone la taza dentro de la heladera y la cierra. Al instante se da cuenta de que aún duerme y maldiciendo su estupidez abre el refrigerador, recupera la taza y deja todo en la mesa. Busca la cuchara, luego el chocolate (el café aceleraría la llegada a la lucidez y no es el objetivo), prepara su chocolatada y se dispone a tomarla.
Una vez sentado le agarra antojo de tostadas y vuelve a levantarse mientras se pregunta por qué no se le antojaron antes de sentarse. El fin, lo supera. Llega a la heladera nuevamente, la abre y busca el pan lactal. No lo encuentra hasta que llega al fondo del contenedor y descubre un paquete que amaga a estar vacío, lo toma. Se encuentra con la noticia más atroz de su mañana: solo queda la tapa, la desgraciada y huérfana tapa.
Felipe suspira, se define en ese preciso momento todo su destino, su identidad, su persona. Él sabe del dilema y del honor. Ni por un segundo cree que esa es una decisión menor. ¿Quién es Felipe? Se define en ese recorte del tiempo donde lo sublime y lo patético se enfrentan cara a cara.

Felipe suspira, llora un llanto soñoliento, y estira su mano hacia el macabro acto de acceder, de conformarse. Felipe aceptó la membresía y sabe la condena. Con el cartel en la frente se prepara su tostada y termina el desayuno. Se viste, busca sus cosas y sale de su casa. Busca la llave, abre la puerta y dispone sus pies a la partida pero nada será entonces lo mismo. Desde ese día y desde esa decisión, Felipe, ya no sale a la ciudad o a la calle, no. Porque desde ese día, ese hombre, sale al concurrido y siempre estable "Club de Los Cretinos", el mismo que puede tenerlo a usted, lector, como miembro fundador.

viernes, 18 de mayo de 2007

Dame fuego

Las vueltas que da la vida, el destino se burla de ti, cantaban unos sabios roqueros españoles. ¿Por qué digo esto? Paso a explicar…
Desde antaño, las civilizaciones más primitivas y rudimentarias utilizaron el fuego para comer (cociendo los alimentos), darse calor, y proveerse de luz. Esta última variante predominó en el tiempo hasta que algunos hombres se pusieron a pensar e inventaron la bombilla eléctrica (entre otros, Thomas Alva Edison).
Todo parecía ser más sencillo de esta manera: las noches no implicaban ya la idea de realizar tareas en la oscuridad ni tener que estar maniobrando artefactos de gas o kerosén peligrosos para iluminar. La gente se adaptó rápidamente a esta nueva era de la electricidad.
Sin embargo, no todo fue tan positivo: el hecho de que la gente se acostumbrara a la practicidad de la luz artificial provocó una dejadez, una holgazanería tal que a nadie se le ocurre hoy en día no contar con iluminación en cada rincón que la desee. Y el fuego, traicionado y envuelto en una cólera sin límites, se vengó por el desamparo producido por el ser humano:
Un incendio dejó a oscuras a miles de vecinos del Conurbano y la Capital
Y claro, que esperaban, millones de años siendo uno de los recursos más importantes del hombre, y de un día para el otro sólo sirve para hacer asaditos.
La gente, desesperada, esperando una solución desde sus hogares apagados. Y en el Cuartel de Bomberos nadie enterado del siniestro: claro, sin luz no suena la sirena. Y en la Comisaría no contesta nadie: por supuesto, el teléfono no funciona porque no hay luz, y para el caso se fueron todos a lo de Porota, la vecina de enfrente, que tiene grupo electrógeno e invita amablemente a los oficiales a ver el partido por TV.
El único que se enteró del suceso fue el Defensor del pueblo, pero se quedó parado en el cruce de Rivadavia y Acoyte, porque el semáforo nunca se ponía en verde (ni en amarillo, ni en rojo).
Más de ciento sesenta y ocho mil casas se quedaron sin luz, y el fuego, que antes servía para iluminar, ahora se tomaba revancha y dejaba a todos en la penumbra.
Por eso, insisto, el destino se burla de ti…

martes, 15 de mayo de 2007

La pecera

"El aire estaba tan húmedo que un pez podría nadar en él"

Truman Capote

viernes, 11 de mayo de 2007

Cuestión de tiempo

- ¿A que hora salís?
- Ahora.
- Bueno, entonces voy bajando.
- No… baja en diez, o quince.
- ¿Pero no te ibas ahora?
- Sí, ahora, en diez, quince.
Por suerte debemos estar tranquilos. No somos los argentinos los que cambiamos los hábitos, o simplemente somos impuntuales. Es el idioma que no se amolda. (Claro, como van a pensar eso de nosotros).
Las palabras “ahora” (adverbio de tiempo, en este momento, en el tiempo actual, presente) y “ya” (conjunción distributiva, ahora u ora) han cambiado significativamente su sentido.
Cuando uno utiliza esas palabras, se refiere a un tiempo futuro, no siempre inmediato (más bien mediato: mediato me como un sándwich, me ducho, me cambio, veo un poco de tele, y recién ahí me dispongo a hacer lo que tenía planeado). Para tratar de dar una definición académica, podríamos decir:
Ahora: dícese de la cantidad de tiempo, que generalmente oscila entre los quince y treinta minutos -en los mejores casos-, que le toma a una persona hacer esperar a otra. Ingenuamente considerada como “en este momento”.
En cambio, en Perú se lo han tomado muy en serio -demasiado diría cualquier argentino- creando un plan especial llamado “Perú, la hora sin demora”. Simplemente cito un fragmento de la nota:
A pesar que un 67 % de los encuestados se muestra de acuerdo en que ser impuntual supone una falta de respeto hacia las demás personas, un 15 % indica que ser impuntuales es una costumbre en el país y, por lo tanto, no tiene nada de malo.
Para el que se quiera informar más lo puede hacer:
http://www.elpais.com/articulo/gente/Peru/hora/demora/elpepugen/20070219elpepuage_1/Tes
Sin mucho más para agregar, los dejo, ya que ahora me tengo que ir a la facultad. Sí, ahora.

sábado, 5 de mayo de 2007

La pecera

Más del 70% del planeta es agua, ¿por qué entonces abocarnos a nuestra vida, si es tan ínfima en la estadística mundial? Recibamos luego a los amables pecesillos de la saga acuática.